Publicado: 19 de Noviembre de 2016


Con el automóvil puesto a punto es más fácil superar una mala climatología



Haciendo un último repaso antes de salir de viaje, comprueba que todo está en orden. ¿Seguro? Si no quiere imprevistos desagradables, cerciórese de que su vehículo está preparado para hacer frente a cualquier adversidad.




Lo primero que puede hacer es someterlo a una revisión exhaustiva en el taller, donde le inspeccionen elementos fundamentales como los neumáticos, las suspensiones, los frenos y el sistema de alumbrado y señalización, además de los correspondientes niveles de líquidos (aceite, refrigerante, limpiaparabrisas).

Usted, por su cuenta, puede comprobar detalles como que la batería está llena y protegida, que los faros no tienen ninguna grieta (con la humedad, se podrían fundir las lámparas) o que la presión y el dibujo de las ruedas son los adecuados.

Esto último es importante, pues una rueda con un dibujo de tres milímetros de profundidad sólo evacúa la tercera parte que una nueva, y otra con 1,6 se conforma con el 15%. Y conviene saber, además, que si el coche está mucho tiempo expuesto al frío intenso, la presión del neumático se reduce. 

Elementos obligatorios 

El siguiente paso es hacerse con el equipo mínimo de supervivencia. Este puede comenzar con las cadenas, y no está de más probar a colocarlas antes de salir de viaje (recuerde que siempre deben ir en las ruedas del eje de tracción).

La lista se completa con un juego de triángulos de señalización de averías, un juego de lámparas de recambio, unas pinzas para arrancar, un rascador para hielo y una linterna. Además compruebe que la rueda de repuesto está en perfecto estado y que se tienen las herramientas necesarias para su cambio.

Por último y aunque parezca innecesario, el depósito de combustible siempre lleno garantizará la calefacción en un largo atasco. Si la climatología es mala, la regla de oro es conducir con precaución y suavidad, tanto para acelerar y frenar como para girar el volante.

Recuerde, por ejemplo, que las primeras gotas de lluvia son muy traicioneras, porque al mezclarse con la suciedad de la carretera forman una película muy deslizante. O que con las cadenas puestas no se deben superar los 30 kilómetros por hora, retirándolas en cuanto pase la situación de emergencia. 

Cómo mantener una óptima visibilidad 

Durante el invierno hay menos horas de luz, por lo que conviene llevar siempre limpios los faros. Basta con pasarles un paño húmedo para eliminar una fina capa de suciedad que puede llegar a reducir el haz de luz hasta en 30 metros.

Una buena visibilidad también depende del estado de los cristales. Si éstos se han helado, no se puede emplear nunca agua caliente, pues podrían rajarse. Mantenga también las escobillas en buen estado y limpias. En el caso de que los cristales se empañen por dentro, la mejor manera de corregirlo es conectar la calefacción y el ventilador a su máxima potencia, con las ventanillas ligeramente bajadas.

Una forma más rápida (y sacrificada) de desempañarlos es conectar el aire acondicionado. Lo que no se puede hacer nunca es calentar el coche cuando está parado, ya que perjudica el motor.

Trucos efectivos 

En el taller pueden rellenarte el depósito con líquido limpiaparabrisas especial para invierno. Se mejora la limpieza de los cristales, y las escobillas estarán más flexibles.

Si el coche no dispone de cierre centralizado con mando remoto, un "spray" antihielo para la cerradura es muy recomendable. Después de pasar por un charco, hay que pisar varias veces el freno para secar las pastillas.

En cuanto a los neumáticos de invierno, son una buena ayuda cuando se va a circular con frecuencia por barro, nieve o hielo. Casi todos los fabricantes tienen modelos de este tipo y aunque son algo más caros que los convencionales, aportan una mayor adherencia y capacidad de tracción y, sobre todo, mejor frenada.